viernes, 25 de enero de 2013

Cinco velas por Rocío

Los viejos dicen que se pone una vela para que los que se han perdido encuentren el camino. En Cala de Mijas (Málaga) hay al menos cinco encendidas de forma ininterrumpida junto a una zona acordonada por la policía. Es el punto en el que la madre de Rocío Wanninkhof Hornos, la joven de 19 años que desapareció en la noche del pasado día 9, sábado, cuando volvía a su casa, encontró unas manchas de sangre y las zapatillas de deporte que vestía su hija la última vez que fue vista.Rocío salió de la vivienda de su novio a las 21.50 horas del sábado. Quería ducharse y cambiarse de ropa antes de reunirse de nuevo con él en la feria de Fuengirola. Habían estado viendo la tele y charlando. "¿Qué otra cosa iban a hacer?", se pregunta Antonio Jurado, el padre del muchacho, que asegura que no hubo ninguna pelea entre ellos. Él incluso se ofreció a acompañarla. Pero ella prefirió recorrer sola el camino, aquella noche no iluminado, a la urbanización La Cortijera.

Su familia confía en que Rocío encuentre el sendero de vuelta gracias a las velas y a que la luz de su dormitorio permanece encendida. "Hay que conservar la esperanza. Aunque parezca una contradicción, si le hubiera pasado algo, la habrían hallado ya después de tanto rastreo", relata Juan Cerrillo, el compañero de Alicia Hornos, la madre de Rocío, que hace las veces de portavoz familiar. Pero, sin darse cuenta, unos y otros la describen en pasado. "Tenía un carácter muy bueno y muy alegre, pero formal. No era nada juerguista", dice Alicia, rodeada de vecinos y familiares. Ni siquiera se decidió a denunciar su desaparición hasta el domingo, confiada en que se habría quedado a dormir con alguna amiga. Su hermana Rosa, dos años mayor, coincide: "Era la más madura de todos nosotros. Lo que ella decía que se hiciera era lo mejor". Y se acoge a la lógica: "A una persona así nunca podría pasarle nada".

Rocío estudió el curso pasado magisterio en Úbeda (Jaén), pero su familia no podía afrontar el gasto y tuvo que regresar. Este año había solicitado una plaza en la Universidad de Málaga, pero se quedó en la lista de espera. "Ahora tenía pensado matricularse en algo: informática, secretariado, algún cursillo para trabajar en el aeropuerto", relata su madre. Y, mientras tanto, había trabajado en el verano en un bar y cuidando al hijo de Cliff Stanford, un británico conocido "de siempre".

A Stanford la historia le ha tocado el alma y ha ofrecido diez millones de pesetas "por la reaparición de Rocío fuera de peligro o por la información que permita la captura de los supuestos agresores", así como un millón a quien sea capaz de dar alguna pista. "Es imposible que esa niña se haya fugado porque nunca ha creado ningún problema a la familia. Lo único que espero es que esté viva, bien, y que la entreguen pronto", comenta. Cerca de él, un anciano le pregunta a otro "si ha aparecido ya el cadáver" y menciona una palabra maldita: Alcàsser, donde tres niñas fueron violadas y asesinadas.

Unas huellas de neumáticos

Si algo sabe, la Guardia Civil no está dispuesta a decirlo. Los rastros son pocos: unas zapatillas con restos de la sangre de Rocío, según las pruebas del ADN, y un calcetín a cuatro kilómetros de su residencia; una navaja limpia a unos 50 metros de la zona acordonada, unas huellas de neumáticos de las que se ha hecho una copia en escayola y la suposición de que la chica podría haber sido abordada por alguien con un coche.

Pero es difícil que no aparezcan objetos en la superficie de doce kilómetros a lo largo de la costa y siete hacia el interior que rastrean la propia Guardia Civil, la Policía local, y Protección Civil. También se han sumado retenes del plan forestal contra incendios de la Junta de Andalucía para peinar un área más al norte del municipio, la de más difícil acceso.

Sus vecinos se han empeñado en que ellos mismos pueden encontrar a Rocío. Todas las mañanas se reúnen en la zona acordonada para que la Guardia Civil los distribuya en grupos -ayer fueron unos mil los que se sumaron a las labores de búsqueda a pie, en motocicletas y vehículos todoterreno-.Allí se da cita también, siempre solo, Willem Wanninkhof, el padre de Rocío, que vino desde su país, Holanda, el día 11, cuando su ex esposa le contó lo sucedido. "Si escriben algo, den las gracias al pueblo en mi nombre. Yo no puedo dárselas uno a uno", pide.

Rocío sonríe en los carteles difundidos por toda España con su apellido mal escrito. "¿A que es guapa?", pregunta su madre, orgullosa: melena rubia, ojos claros y "muy buen tipo". Alicia ya casi no tiene fotos de su hija: "Vienen de los periódicos, las piden y no las devuelven". Suena el teléfono: "Seguid buscando, por favor, que hace ya muchos días que ha desaparecido. Es mucho tiempo sin comer. Tiene que estar muy débil".

Alicia está decidida a aferrarse a lo que sea. "Una vidente me ha dicho que la sangre que encontré no era de una herida, sino que del susto le vino la regla", comenta. Los que creen ver el futuro le han dicho que está viva, en un lugar en ruinas y cerca de un sitio por el que pasa el agua. También le han hablado de una furgoneta blanca. "Yo no creo en eso", confiesa su compañero, "pero ¿y si funciona?".

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