sábado, 26 de enero de 2013

El rastro de una madeja criminal

El asesino de Sonia Carabantes, además de restos de su piel bajo dos uñas de la joven, dejó otro rastro en el lugar donde escondió el cadáver, que puede arruinar su impunidad: un pequeño fragmento de su coche, quizá suficiente para identificar marca y modelo. Un trozo anaranjado de pasta, de pocos centímetros, de la carcasa del intermitente, manchado con la sangre del autor del crimen, es la mejor pista que sigue el grupo de policía judicial de la Guardia Civil de Málaga para resolver el asesinato de la joven de Coín (Málaga), de 17 años, que desapareció en la madrugada del 14 de agosto, cuando volvía de la feria de su pueblo.

En contra de lo informado al principio, no se encontró una colilla junto al almendro bajo el que apareció el cuerpo de Sonia, seis días después, en Monda, a siete kilómetros de Coín. Todavía no están los resultados de todos los análisis, pero de momento no hay pruebas de abuso sexual. Mientras, el abogado de la familia Carabantes ha pedido otra autopsia.


El intermitente de su coche puede dar con la pista del asesino de la joven de Coín


 

 

Los investigadores trabajan con la hipótesis de que Carabantes fue secuestrada previsiblemente por más de una persona, a 20 metros de su casa, hacia las cinco de la madrugada. En el lugar del asalto hubo un forcejeo del que no quedó huella de los autores. Todas las señales eran de ella: su sangre sobre un coche aparcado, su móvil, su bolso y uno de sus zapatos. Los criminales -quizá en un vehículo blanco- debieron buscar la carretera de Monda, en dirección contraria a la feria. Por el camino debió seguir la pugna.

A unos cuatro kilómetros, junto a la cuneta, se encontró el pantalón de la joven con manchas de sangre. Antes de llegar a Monda, se metieron por un carril y pararon junto a un arroyo seco, dominado por olivos, almendros y las huertas de dos casas vecinas. Allí pudo llegar viva la joven y todavía enfrentarse a sus captores, lo que explicaría la rotura de un piloto y la herida de su agresor, que dejaron uno de los dos rastros (el coche) que puede permitir la detención del culpable. Sólo hay trazas de un asesino. El cadáver, estrangulado y con la mandíbula rota, fue enterrado allí con grandes piedras.

El pasado lunes, la Cadena SER lanzó una bomba informativa: los análisis de ADN demuestran que hay una relación entre el caso de Sonia Carabantes y el de Rocío Wanninkhof, muerta en Mijas, también en Málaga, el 9 de octubre de 1999, con 19 años. La sangre y la piel del asesino de la primera es de la misma persona que dejó la colilla de un cigarrillo Royal Crown cerca de donde mataron a la segunda. Es el segundo rastro -el genético- que puede perder al criminal.

Tras la sorpresa, jueces, fiscales e investigadores intentan deshacer esta maneja criminal. "La colilla se encontró en un radio de unos 700 metros alrededor de donde mataron a Rocío, hay una coincidencia espacial, pero no tenemos ningún dato sobre la coincidencia temporal", sostienen fuentes judiciales. La acusación recuerda que en la sentencia por la que se condenó en septiembre de 2001 a Dolores Vázquez a 15 años de prisión se decía que ella mató a la joven y que sola o en compañía de otros trasladó el cadáver, "así que este descubrimiento no tergiversa aquella conclusión".

Sin embargo, el juicio fue anulado por el Tribunal Superior de Justicia de Andalucía y el Supremo y debe repetirse el 14 de octubre. El defensor de Vázquez prepara su estrategia para aplazar la vista y sobreseer la causa. Pero la madre de Rocío Wanninkhof, Alicia Hornos, mantiene que los análisis no exculpan a Vázquez, "sino confirma la tesis de un cómplice para el traslado". Varios guardias civiles anotaron la matrícula del Toyota Celica rojo de Vázquez ocupado por dos hombres, una semana después del asesinato. Vázquez negó que hubiera prestado su coche a alguien y esto la colocó la primera en la lista de sospechosos.

Cuando las mataron, Wanninkhof se disponía a ir a la feria de Fuengirola y Carabantes volvía de la de Coín. Otra joven, María Teresa Fernández, de 18 años, desapareció en agosto de 2000 en la feria de Motril (Granada) como si se la hubiera tragado la tierra. Hay otras coincidencias: ella nació en Rolle, en la parte francófona de Suiza. Sonia Carabantes había nacido en Lucerna, en la Suiza alemana. Investigadores y fiscales coinciden, en señalar que "es descabellado pensar en un asesino en serie".

Pero la presión mediática se disparó y los medios de comunicación locales empezaron a manejar la expresión. La inquietud se ha instalado en los pueblos de la comarca, en la Costa del Sol y en el interior. Los responsables municipales de Mijas no han querido reconocer que hayan aumentado la vigilancia en su feria, que se celebra este fin de semana. También hay feria en Ronda, donde el alcalde, Juan Benítez, da fe del esfuerzo de sus vecinos para que "las jóvenes no vayan solas y estén cerca de sus padres". Él admite que ha dispuesto una mayor vigilancia policial. José Antonio Bernal, alcalde de Monda, donde se encontró el cadáver de Carabantes, relata que este fin de semana en las fiestas de la vecina Guaro, "las jóvenes van juntas y se retiran antes". En Torremolinos la feria empieza el día 25 y su alcalde, Pedro Fernández Montes, también ha previsto reforzar la seguridad: "No hay que provocar falsas alarmas, ni exorbitar las cosas, pero hay inquietud".

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