viernes, 25 de enero de 2013

La acusada de apuñalar a Wanninkhof niega ante el jurado haberla matado

'No es cierto, no he apuñalado a Rocío'. Así de contundente fue Dolores Vázquez, Loli, la única imputada en el caso Wanninkhof, cuando el fiscal le preguntó si había matado a la joven de 19 años que desapareció el 9 de octubre de 1999 en Mijas y cuyo cuerpo apareció un mes más tarde en Marbella. 'La he criado, era como una hija', declaró ante el jurado. La acusada insistió en que aquella noche sólo salió a tirar la basura y comprar tabaco, y que no conocía el lugar donde fue encontrado el cadáver.

Las preguntas del fiscal intentaron probar que la relación sentimental que Dolores mantuvo con la madre de Rocío, Alicia Hornos, nunca fue aceptada por la joven, lo que generó una enemistad entre ambas. La insistencia del fiscal pretendía aportar un móvil del crimen. Pero la acusada fue tajante: 'Rocío tenía una buena relación conmigo, mejor de lo que la madre y la familia creen. Venía mucho a verme y se abría mucho conmigo ya que estaba falta de cariño'. El interrogatorio derivó en aspectos tan íntimos que el magistrado recordó a la acusada que tenía derecho a guardar silencio y a 'no transigir' si prefería no contestar.


 

 

Loli se mostró entera durante las casi cuatro horas que duró el interrogatorio del fiscal, aunque contradijo algunas de sus declaraciones ante la Guardia Civil y el juez instructor.

La acusada declaró que no conocía a una vidente que tras reconocerla en televisión se presentó ante los investigadores del caso y les informó que la detenida había estado en su consulta en abril -seis meses antes de la desaparición de Rocío- y le había dicho que estaba enamorada de alguien, que uno de sus hijos se oponía y que iba a vengarse. 'No conozco a esa señora', aseguró.

Loli sostuvo que no era aficionada al tarot. Sólo cuando el fiscal le comentó que en una noche llegó a gastarse alrededor de 15.000 pesetas en llamadas telefónicas a líneas de videncia, admitió que había llamado 'alguna noche', tras lo que aclaró que a veces sus visitas usaban el teléfono.

La acusada negó también que utilizara bolsas de basura grandes -las prendas de Rocío aparecieron en una de ellas-. La empleada de una amiga de Loli había declarado que ésta le regaló una para sudar cuando hacía footing y la asistenta de la acusada manifestó que ésta le ordenó que las bolsas grandes no las tocara.

El fiscal cortó en varias ocasiones la explicación de la acusada para que precisara su respuesta, lo que motivó la queja sin titubeos de Loli: 'Déjeme hablar, llevo un año intentando hablar'.

El fiscal trató también de saber si la madre y la hija de una sobrina -a las que se quedó cuidando en su casa la noche del crimen- estaban dormidas durante las horas en que fue apuñalada Rocío. Sus respuestas fueron negativas, ya que declaró que su madre no tomaba medicamentos para dormir y la niña se acostaba tarde porque se echaba la siesta.

Sobre el testimonio de su empleada ucraniana, que comentó a los investigadores que Loli apuñaló con un cuchillo una fotografía de la joven, la acusada precisó que lo hizo con un tenedor o una cuchara 'no con un cuchillo', para explicarle a su interna, que no hablaba español, que la joven había sido asesinada. En contra de lo que había declarado con anterioridad, ayer aseguró que aquel episodio tuvo lugar después de la aparición del cadáver. El fiscal deslizó que los cortes del cuchillo quedaron en la encimera y ella intentó disimularlos con un estropajo de aluminio. Ella explicó que el fregadero 'siempre estuvo arañado' por el roce de las ollas.

Tras casi finalizar las preguntas del fiscal, poco antes de las 14.00, el magistrado le preguntó si estaba en condiciones de seguir. La acusada fue categórica: 'Quiero hablar, necesito hablar. No tengo nada que esconder'.

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