domingo, 17 de marzo de 2013

Un psicópata supercontrolado


Los crímenes indiscriminados e injustificados, especialmente cuando el criminal actúa por motivos sexuales, son los más terroríficos. Los atracadores de bancos pueden matar a veces por dinero y los maridos celosos matan a veces cegados por la pasión. Pero ¿qué clase de hombre es un asesino como el destripador de Yorkshire, que mata sádicamente a mujeres de 16 a 42 años, prostitutas o no, y sin que medie agresión sexual alguna? ¿Qué es lo que le empuja a matar para luego presumir de ello en sus cartas a la policía?De una cosa estaban seguros los psiquiatras: no se trataba de un enfermo psicótico, es decir, de un loco desconectado de la realidad, sino de un hombre capaz de llevar una vida normal el 99% de su tiempo, sin llamar la atención.

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Según la opinión del doctor Stephen Shaw, asesor psiquiátrico de la policía para este caso, el asesino es más bien un psicópata, agresivo, sádico y supercontrolado.

El término psicópata se utiliza erróneamente con frecuencia, y por ello el doctor Shaw pone gran cuidado en especificar las que, según la mayoría de los expertos, constituyen las características más sobresalientes del psicópata grave, clasificación en la que podemos incluir al destripador. Es incapaz de resistir sus impulsos, sin pararse a pensar en las consecuencias. No aprende nunca de sus errores. (Según Shaw, el destripador había cometido errores, al enviar a la policía las cartas y la cinta que pueden convertirse en pruebas contra él.) No puede dar amor ni afecto; es duro, frío e incapaz de sentimiento alguno de culpabilidad. «Su frialdad se refleja en su mirada. Cuando uno le mira a los Ojos siente un pequeño escalofrío». Pero, a veces, esta dureza es sólo parcial: la misma persona que asesina a una mujer sin inmutarse puede luego demostrar afecto por su perro.

Los psicópatas se pueden clasificar en dos categorías principales. Por una parte, los incontrolados, que dan rienda suelta constantemente a su violencia y para quienes el asesinato no es más que una continuación natural de su permanente impulso de agresión. Por otro lado tenemos al psicópata supercontrolado, que se domina a la perfección el 99,9% del tiempo, pero que, por debajo de esa apariencia, hierve de hostilidad y odio. Parece sobreponerse a todas las tensiones, pero en realidad lo que hace es almacenarlas, hasta llegar a un punto en que cualquier cosa puede ser motivo suficiente para estallar. Puede ser un detalle tan trivial como la tardanza de un camarero en servirle en el restaute.

El doctor Shaw sugiere que esta acumulación de presiones puede explicar los curiosos intervalos de un año intercalados entre los cuatro años de actividad del destripador. ¿No podría suceder que en esos dos años, las tensiones hubiesen sido menores y luego sucediera algo que despertara de nuevo la violencia del asesino?

«Estuve una vez con un hombre que decía ser el destripador», nos decía una maciza prostituta de fuerte mandíbula. «Le tenía atado a la cama y me dijo: ¿No sabes que soy el destripador? Entonces le puse un cuchillo en el pescuezo y le dije: ¿Así que eres el destripador? Le gustó muchísimo». De repente se queda con la mirada perdida en la lejanía y excIama: «¿Cuál será la manía del destripador? ¿La sangre? »

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