miércoles, 20 de marzo de 2013

El mendigo asesino no era responsable al matar, según los forenses


Francisco García Escalero, el mendigo de 39 años que se ha confesado autor de 15 crímenes, no era responsable de sus actos al matar. Así lo determina el informe forense, que sostiene que Escalero sufría un cuadro de esquizofrenia, alcoholismo crónico y trastorno de la inclinación sexual en el que se mezclaban el homicidio y la agresión con objeto cortante, los intentos de suicidio, las lesiones autoinfligidas, así como la exclusión y el rechazo social. Los especialistas resumen la historia de este asesino en un doble fracaso: el de Escalero y el de las instituciones que fueron incapaces de "descubrir y prevenir" la sangre que dejó a su paso.

El informe es fruto del trabajo de dos médicos forenses desde enero hasta abril de 1994. A lo largo del estudio se describe la oscura y atávica personalidad del mayor asesino en serie que ha pisado Madrid. Degollaba, emasculaba y descuartizaba. También profanaba tumbas y violaba muertos Sus víctimas vivían de la mendicidad. A los 17 años, pasa de ser un chorizo de barrio a violador. En prisión, pisará los primeros pabellones psiquiátricos. No saldrá a la calle hasta 1987. Entonces es cuando empezará a matar. Francisco García Escalero, detenido en octubre pasado, permanece ingresado en el hospital penitenciario de Carabanchel. Las siguientes frases, recogidas durante las entrevistas, resumen parcialmente este recorrido.

Infancia.

"No era como los demás, hacía cosas que no estaban bien. No me gustaba estar con la gente, me gustaba ir a sitios solitarios y se me pasaba la idea de matarme... De pequeño también me ponía delante de los coches... A los 12 años me atropelló uno".Adolescencia.

"Ya tenía ideas raras, paseaba por las noches con un cuchillo. Me gustaba entrar en casas abandonadas y no sé por qué. Miraba por las ventanas de los pisos para ver a las mujeres y a las parejas de novios. Me masturbaba.Cárcel.

"Cogía los pájaros y animales muertos que me encontraba y me los llevaba a la celda, me sentía más a gusto".Psiquiátrico penitenciario.

"Me veía raro, me veía mal, me ponía nervioso de pasear por los pasillos, de estar con gente".Vuelta a la libertad.

"Iba por la calle como si no existiese, no chocaba con la gente, era como si no tuviera cuerpo".

,'Me miraba a los espejos, como si no fuera yo, no me reconocía. Llegué a pensar que podría ser un espíritu, otra persona que se había metido en mí ( ... )".

"Oía voces interiores, me llamaban, que hiciese cosas, cosas raras, que tenía que matar, que tenía que ir a los cementerios".Un asesinato.

"Lo maté. Estuvimos bebiendo en un parque al lado del cementerio y tomando pastillas, me las pedía el cuerpo para poder hablar mejor. Luego le dije dónde íbamos a dormir y en el cementerio sentí las fuerzas, me daban impulsos, cogí una piedra y le di en la cabeza y luego le quemé con periódicos y luego me fui a dormir al coche y al día siguiente al hospital. Ahora me siento con la mente en blanco, como si estuviera muerto".Sus respuestas son cortas, monosilábicas. La voz no se altera ni cuando narra los hechos más violentos. Los médicos le describen como un hombre hosco, introvertido, solitario. "No sonríe apenas, no sabe contar chistes". Si se le pregunta por la trascendencia de sus actos, recuerdan los facultativos, responde: "No me lo he planteado".

Una vida sexual sin relación afectiva -a las prostitutas les obliga a decir cosas cariñosas a terceros- la práctica de la zoofilia y la necrofilia, así como el alcoholismo crónico -bebía un mínimo de cuatro litros de vino al día- marcan un recorrido al que desde 1980 azotan las alucinaciones y delirios, especialmente de persecución, posesión y dedoblamiento. "Se relaciona mejor con objetos que con personas, por eso la conducta fetichista, el voyeurismo, la actividad sexual onanista...".

A esta maraña se suman los impulsos violentos, que "surgen sin apenas elaboración, que no generan sentimientos de piedad, culpa o arrepentimiento". "Es como si el motivo fuera solamente el matar", indican los médicos. Esa furia la describe Escalero como una fuerza que le sube de repente a la cabeza. Pasa inmediatamente a la acción. Los facultativos describen esto como actos cortocircuito".

Los ejecutará en la calle. No en balde, para este antiguo presidiario, alcohólico y esquizofrénico, vivir fuera de las rejas se torna difícil. Es la marginación. Temeroso de los vecinos -cree que le escuchan y siguen a todas partes- se convierte en un vagabundo. Duerme en la calle o en coches. Surge en él una gran individualidad, "desconfianza del otro, violencia y. agresividad". La dirige, sobre todo, hacia quienes tiene que disputar un poco de comida, un puesto de limosnero.

Se trata de una agresividad muy primitiva, cruel, sin conmiseracion: "Algunos datos de sus conductas violentas, como la utilización del pene, las consideramos, más que sexuales, como expresión del dominio animal, de la necesidad instintiva de dominar al otro mediante la muerte y además exponer los atributos de la presa".

Estas conductas violentas, para los psiquiatras, derivan de "patologías muy graves con intensidad suficiente para incidir en la libertad y voluntad del procesado". Es más, los facultativos recuerdan que cuando ocurren los homicidios su psicosis llevaba varios años desarrollándose y que los móviles no respondían a interés alguno. De hecho, es su gratuidad la que le mantiene impune tantos años -desde 1987 hasta finales de 1993-

A ello añaden los médicos los continuos ingresos de Escalero en el hospital Psiquiátrico Provincial, sus declaraciones hostiles, de asesinato -"voy a matar al primero que pase por delante"-, en fin, la agudización de su "proceso psicótico esquizofrénico" bajo una actividad delirante y alucinatoria. "Sólo se puede pensar que el transtorno le impedía actuar en libertad. Que sus actos eran patológicos, una manifestación más de su enfermedad".

Desde este horizonte, los forenses establecen un pronóstico clínico negativo. Le consideran una persona peligrosa, con riesgo de criminalidad, mientras la psicosis se mantenga. También, aunque dan el visto bueno a su capacidad de testificar, ven imposible que tenga un futuro en sociedad. "Va a precisar de tutela institucional, con la consideración de indefinida".

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