miércoles, 20 de marzo de 2013

Un testigo añade 20 crímenes más al caso de la 'casa de los horrores'


Los horrores que escondía el número 25 de Cromwell Street, el domicilio del matrimonio West, en Gloucester, podrían ser mayores de los contabilizados hasta ahora por la policía británica. Janet Leach, testigo en el juicio en su calidad de observadora de los interrogatorios a que fue sometido Frederick West, aseguró ayer que el propio acusado le reconoció abiertamente haber asesinado "a otras 20 personas", además de las doce jóvenes cuyos cadáveres han sido recuperados hasta ahora por la policía.Janet Leach, de 39 años, mantuvo largas conversaciones con Frederick West durante la investigación del caso y antes de que el principal acusado decidiera suicidarse en su celda el día primero de 1995. Leach, una mujer de delicada salud, se ha revelado como la más sorprendente de todas las testigos que han tomado asiento en el tribunal de Winchester donde se desarrolla el juicio contra Rosemary West, viuda de Frederick.

El pasado miércoles, la testigo reveló ante un atónito jurado cómo West le explicó en las largas conversaciones que ambos marituvieron las razones de su temprana confesión policial. Según Leach, que se desmayó antes de terminar su intervención ante el tribunal, Frederick había sellado un pacto de amor con su mujer, a la que pretendía proteger, y para ello había decidido asumir toda la responsabilidad en los crímenes. Supuestamente, una tercera persona, en concreto un hombre, se habría visto implicado en la truculenta historia de asesinatos de Cromwell Street. Rosemary West, de 41 años, se ha declarado inocente de los diez asesinatos de que se le acusa.

Las cintas de West

La súbita enfermedad de la testigo obligó al juez a aplazar el juicio hasta ayer, aunque no puede decirse que su reaparición no haya sido sensacional. Las declaraciones de Janet Leach han sido superadas tan sólo por los fragmentos de las propias cintas de los interrogatorios de Frederick West, grabadas por la policia. Escuchado en la sala, el frío relato de West de cómo asesinó a su propia hija Heather y cómo desmembró meticulosamente el cadáver, alcanzó uno de los momentos más escalofriantes de la historia judicial británica, no precisamente falta de casos truculentos.Hasta entonces, los testigos del juicio de los West habían animado ellos sólos la sala del tribulial de Winchester, entregados a una recreación lo más sórdida posible de sus respectivas experiencias en el número 25 de Cromwell Street. El objetivo, naturalmente, era vender la historia a los ávidos tabloides británicos.

En el juicio ha habido, así, de todo. Una hijastra de la acusada, Anne Marie Davies, que ha cobrado la modesta suma de 3.000 libras (unas 600.000 pesetas), por relatar en un ínfimo tabloide cómo su padre, Frederick, y su madrastra, Rosemary, la violaron a temprana edad convenciéndola de que era el mejor método de iniciación sexual que podría encontrar. Una niñera, Caroline Owens, empleada en 1972 por los West, que no ha tenido inconveniente en contar con pelos y señales -antes de hacerlo frente al jurado de Winchester- cómo fue engañada por la pareja y sometida a toda clase de vejaciones sexuales. La historia le proporcionó unas 20.000 libras (alrededor de cuatro millones de pesetas) a la víctima, gracias a que mereció un amplio espacio en las páginas de The Sun.

O una joven lesbiana sin complejos, Katliryn Hallíday, que se ha llevado su pequeña recompensa -en este caso algo más de 1,5 millones de pesetas- sin necesidad de presentarse como una víctima. Halliday se limitó a relatar en otro tabloide las intimidades de su relación con la acusada.

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