martes, 26 de marzo de 2013

Los amigos de Ferrándiz reconocen que no vieron en su vida nada anormal


La doble vida de Joaquín Ferrándiz, que está siendo juzgado en la Audiencia de Castellón por el asesinato de cinco mujeres, quedó ayer patente con el testimonio ante el tribunal de algunos de sus amigos, amigas y ex novias. Ximo, como conocían los testigos al procesado, destacaba en la pandilla por su protección a las chicas, a las que acompañaba por la noche hasta la puerta de sus casas. Ferrándiz incluso alteraba su propio itinerario para dejarlas en sus domicilios. Los amigos no vieron nada anormal en la vida de Ferrándiz.


Lo hacía de manera habitual. Primero dejaba a una y después a otra, tal como relató ayer durante su comparecencia en el juicio una de las chicas que salía con el mismo grupo que el acusado entre mayo de 1995 y septiembre de 1996, fechas en las que se produjeron las desapariciones de las cinco mujeres por cuyas muertes es juzgado. De hecho, su última novia fue recriminada en alguna ocasión por el propio Ferrándiz, tal como declaró ella misma ayer, cuando la sorprendió una noche regresando a su casa, sola y andando. "Nunca le tuve miedo", afirmó la testigo.Y es que Joaquín Ferrándiz, de 35 años, nunca se mostraba violento. Bien al contrario, atento, bondadoso, educado aunque, eso sí, introvertido, fueron los calificativos que ayer utilizaron quienes compartían con él las noches del fin de semana. De entre todas estas veladas, en las que el acusado era capaz de beber seis o siete "cubatas", aunque siempre sin perder el control, sólo recuerdan dos ocasiones en las que Joaquín perdiera la calma. Una de ellas, durante una discusión con un magrebí que, al parecer, molestó a una chica que el acusado conocía. Esta situación se produjo a la puerta de una discoteca a altas horas de la madrugada. La segunda ocasión, con uno de sus grandes amigos, al que asestó un puñetazo en la cara por haberle llamado "ignorante" en el transcurso de un juego de mesa de preguntas y respuestas. Esto ocurrió durante una Nochevieja, después de la ingesta de alcohol y, aproximadamente, a las cinco de la madrugada.

En una de las escasas ocasiones que, al parecer, Ferrándiz se "abrió" a uno de sus amigos, precisamente tras la pelea con el magrebí, el procesado confesó que "cuando perdía los estribos se descontrolaba y que se daba miedo a sí mismo". Aparte de esta "confesión", según el testigo, Joaquín Ferrándiz siempre se mostró ante sus amigos y allegados como un chico "normal", calificativo que ayer fue expuesto de forma continuada por los llamados a declarar. De hecho, los más cercanos al acusado y quienes sabían de sus antecedentes por agresión sexual aseguraron ayer que su anterior condena, impuesta en 1990, siempre había sido considerada como un "error judicial", dada su absoluta seguridad de la incapacidad de su amigo para llevar a cabo semejante acción. "El Joaquín que yo conocí era una persona normal", aseguró uno de sus más asiduos amigos. "Personalmente, me ha hecho mucho daño", dijo otro, mientras un tercero afirmó que incluso ahora le cuesta admitir la posibilidad de que Ferrándiz sea el autor de los cinco brutales crímenes que confesó tras su detención el año pasado.

El único hecho que, ahora, sí les llamaba la atención a todos ellos es que el acusado, a altas horas de la madrugada, decidiera permanecer en algún bar de forma solitaria, pero nunca les extrañó ya que era él mismo quien decía que quería "tomar otra copa" y bromeaba con ellos por su intención de finalizar la noche de fiesta con un "sois unos abuelos". La vista oral se retoma hoy con nuevos testigos.

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