domingo, 24 de marzo de 2013

El garaje de los horrores


Con más de 30.000 asesinatos al año, 600 de ellos por contrato, los rusos están curados de espanto. En el país más grande del mundo (nueve horas de diferencia entre San Petersburgo y Vladivostok) hay una dosis más que sobrada de criminales en serie, matanzas, mafiosos y hasta caníbales. Pero el espanto que acaba de revelar la policía moscovita es de los que hacen época. Los agentes han exhumado ya los cadáveres de 10 hombres y una mujer -muertos entre enero y abril- que fueron enterrados en un taller de reparaciones situado en una antigua base militar del barrio de Kurianovo, al sur de la capital.Este singular garaje de los horrores se convirtió en la estación de término de nueve hombres y una mujer, a los que hay que añadir al menos otra víctima, asesinada en enero en otro lugar. El error de todos ellos fue poner un anuncio en el periódico en el que ofrecían vender sus vehículos, en la mayoría de los casos, nuevos y de fabricación extranjera, dos cualidades que, automáticamente, los convertían en oscuro objeto de deseo en la nueva Rusia.

Un moscovita de 28 años y su esposa, desafortunados propietarios de un Jeep Grand Cherokee, fueron de los primeros en caer, según el portavoz policial Kiril Mazurin. Lo más probable es que uno de los miembros de la banda se pusiera en contacto con ellos y aceptara sin rechistar el precio pedido, con la única condición de que llevasen el vehículo al taller para examinar su estado.

Era una de tantas citas con la muerte. Sus cuerpos, como los de los dueños de un Mercedes, un Audi, un Lada Samara (ruso) y otro Cherokee, terminaron apilados en un rincón del taller, conservados durante semanas o meses gracias a las bajas temperaturas invernales. Con la primavera, los cadáveres comenzaron a descomponerse y los asesinos tuvieron que enterrarlos. Aunque no lo suficientemente hondo.

Los asesinos liquidaban a sus víctimas a palos, tiros o atándoles con alambre al cuello una bolsa de plástico que les cubría totalmente la cabeza y les impedía respirar. Un portavoz de la fiscalía moscovita ha declarado que se procesará por asesinato a cinco detenidos y a varios más como cómplices. Al parecer, entre ellos se encuentra el encargado del garaje, al que se ha identificado sólo como Yevgueni y que suscitaba la envidia de sus vecinos porque «cambiaba de coche como de guantes».

Nadie observó nada sospechoso. Un testigo que pidió no ser identificado se limitó a decir que le había extrañado que la clientela disminuyese drásticamente. Aunque la impunidad sea en Rusia más la norma que la excepción, esta vez los criminales no se han salido con la suya, a pesar de que aún no se sabe si los 10 cadáveres descubiertos en los últimos días dan la auténtica dimensión del caso o constituyen tan sólo la punta del iceberg.

El robo de coches es uno de los principales negocios criminales de la nueva Rusia, que rivaliza con el narcotráfico y la venta de armas, según aseguró ayer a un grupo de periodistas el mayor general Ígor Jromov, del Ministerio del Interior. El pasado año se esfumaron 187 vehículos diarios. El 60% de ellos se revende, tras cambiar las matrículas y el resto de números de identificación, y muchos acaban en la turbulenta región del Cáucaso. El 22% se desmonta para venderse pieza a pieza, y el 18% queda para uso y disfrute de los ladrones.

Moscú, por supuesto, es el escenario más frecuente de estos delitos, aunque en los últimos años ha habido una reducción espectacular: de 15.000 robos en 1993 a 8.500 en 1997, lo que se explica por el uso generalizado de los sistemas de alarma, una exigencia de las compañías de seguros, que, con todo y eso, cobran primas de escándalo: más de 300.000 pesetas por un a todo riesgo de, por ejemplo, un Volvo V40.

En Rusia, donde hay unos 12.000 grupos criminales con al menos 60.000 bandidos en nómina (reconocido por el propio Gobierno), hasta los mendigos pagan la mitad de sus ingresos a protectores mafiosos; el ministro del Interior, Serguéi Stepashin, admite que «entre el 70% y el 80% de los crímenes resueltos aún plantea dudas».

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