domingo, 17 de marzo de 2013

193, Melrose Avenue la 'casa de los horrores'


Las historias de crímenes son siempre tristes o sórdidas. La de la casa de la muerte, un bonito edificio eduardiano de un tranquilo barrio londinense, en la que se acaban de descubrir restos de dieciséis cuerpos, lo es tanto por la personalidad del presunto asesino -un normal funcionario, amante de la poesía y de la música- como por la de sus víctimas, hombres de 20 a 40 años, huidos de sus domicilios familiares o carentes de él, con tan pocas raíces como para que una gran parte de ellos pueda permanecer para, siempre sin identificar. Serán los muertos anónimos de un desequilibríado, tan aparentemente normal que pudo comenzar su carnicería hace siete u ocho años sin que nadie a su alrededor se diera cuenta, en tan largo espacio de tiempo, de que algo extraño sucedía.

El crimen masivo más espectacular de la larga historia de grandes crímenes que aqueja a este país se descubrió, como en las novelas, por casualidad. Una pareja de recién casados que acababa de alquilar un apartamento en el número 23 de Cranley Gardens llamó a un fontanero para que desatascara un desagüe del inmueble. La lluvia y la nieve, mezclada con hojas y basura, producía un desagradable olor. El fontanero, Michael Crottan, descubrió la auténtica razón "Restos humanos como para llenar dos cajones", dijo. La policía encontró dos cabezas. En total, tres hombres habían sido estrangulados y sus cuerpos cortados en pequeños pedazos.Nadie ha explicado todavía por qué los agentes detuvieron inmediatamente a un hombre que habitaba en la casa de enfrente, ni cómo fue a parar, pocas horas después, a otra casa, el 193 de Melrose Avenue, la casa de los horrores, como la denomina la Prensa popular, en la que una semana después todavía escarba a la búsqueda de huesos y objetos de la víctima. Probablemente, el propio detenido confesó de plano. De momento, la policía calla.

¿Cómo es un hombre que probablemente ha matado y troceado a 16 de sus congéneres? El presunto asesino se llama Denis Andrew Nilsen y tiene 37 años. Nació en un pequeño puerto pesquero escocés, Fraserburg, Aberdeenshire, hijo de un soldado noruego y de. una joven escocesa. Sus padres, que habían protagonizado uno de tantos romances de guerra, se divorciaron, pero no parece que el joven Denis sufriera mucho con la separación.

Buen alumno, buen cocinero

En el colegio obtuvo siempre mejores calificaciones en las asignaturas relacionadas con el arte y no tenía problemas con sus compañeros. Tal vez -recuerda un antiguo vecino- tenía demasiada influencia entre otros niños de su edad o más pequeños. Cuando terminó sus estudios, su madre, Elisabeth Scott, pensó que iniciaría alguna actividad relacionada con el arte, o que iría a la universidad. Sin embargo, Denis llegó un día a casa y anunció: "Me enrolo en el Ejército".

Cuando dejó el Ejército era sargentó. Volvió a su pueblo y su fa.milia le recibió bien. Su madre cuenta: "Fue bueno tenerle en casa, Cocinaba platos estupendos para toda la familia". Sin embargo, Denis no se quedó mucho tiempo. Un mes más tarde viajó a Londres y, gracias a sus buenas referencias militares, ingresó algo después en la Policia Metropolitana. Las fotos de la época muestran a un joven luciendo orgullosamente su casco y uniforme azul de bobby. No debió sentirse muy a gusto, pese a todo, porque un año más ,tarde abandonó la policía y, siempre con buenos informes, se convitió en funcionario. Cuando fue detenido ocupaba un cargo intermedio en una oficina de desempleo. Era -afirman sus jefes- "un prometedor ejecutivo".

Durante todo este tiempo, Denis mantuvo poca relación con su familia. "Yo le llamé por teléfono alguna vez" cuenta su madre, que se ha vuelto a casar. "Siempre me contaba cosas de su trabajo, de la ópera (le gusta mucho la música) y de su perro, Blip. Nunca me dijo nada de sus amigos".

Probablemente, Denis había iniciado ya su doble vida, los asesinatos más antiguos datan, al parecer, de siete u ocho años atrás. El más reciente ocurrió hace sólo unas semanas.

La afición del antiguo soldado y cocinero por la música y la poesía se siguió desarrollando. Unos obreros que realizaron algunos trabajos en la casa de la.muerte encontraron un pequeño poema, posiblemente escrito por Nielsen. "Estaba escrito.en un pedacito de papel, era pequeño y conmovedor. Hablaba de la soledad y de un mundo hostil", relató uno de los trabajadores. Cuando compareció ante el tribunal que decretó su encarcelamiento provisional, Nielsen, que tenía las manos esposadas a dos policías, parecía triste y cansado, aunque permaneció muy tieso ante el juez. Denis es alto, delgado, bien parecido. Lleva gafas de montura clara y se viste con pulcritud funcionarial: camisa azul, chaqueta de tweed gris y pantalones grises. Aquel día completaba su atuendo un delgado anorak azul oscuro.

Si se confirman las hipótesis de la policía, Nielsen rondaba por las noches por los pubs o tabernas londinenses a la búsqueda de hombres jóvenes, sin domicilio fijo. La policía calcula que 30.000 personas -jóvenes que se han ido de sus casas, muchachos itinerantes que van de una ciudad a otra, desempleados de larga duración- buscan cada noche en la gran ciudad un lugar caliente donde descansar.

"Cuando se tiene frío y no se sabe dónde ir, siempre es una tentación el ofrecimiento de una cama para unas horas", contó ante las cámaras de televisión un joven que había visitado la casa de la muerte días antes de producirse el macabro descubrimiento. El joven, de entre veinticinco y treinta años, relató que se despertó sobresaltado y vio a Nielsen detrás de su cama. "Me asusté tanto que ya no pude dormir y en cuanto se hizo de día me fui. El dormía".

Siempre según las hipótesis policiales, Nielsen estrangulaba a sus víctimas. Imposible saber, por el momento, si existían relaciones sexuales previas. Nadie quiere aventurar nada, pero parece probable que haya implicaciones sexuales, reprimidas o no.

Estrangulador y matarife

Después de matar a sus víctimas, el asesino las cortaba en pedazos muy pequeños. Vayan los expertos a saber por qué, algunas veces sumergía los restos en agua hirviendo. En todo caso, los treinta aspirantes a bobby -de 17 a 19 años, tres de ellos mujeres- que rastrean estos días palmo a palmo el jardín de la casa y un solar inme diatoitienen que escarbar la tierra con los dedos para encontrar los diminutos restos de huesos, de menos de 15 centímetros, que servirán para poder un día establecer la identidad de los muertos.

La solución del dramático roin pecabezas ha sido encomendada a un patólogo galés, el doctor David Bowen, del hospital de Charing Cross, en Londres. El deberá esta blecer cuántas personas fueron asesinadas exactamente -la policía cree que fueron 16- cuál era su sexo, edad aproximada, talla peso y raza. Pocos datos, sin embargo, si se tiene en cuenta que existen no menos de 7.000 denuncias de hombres desaparecidos en los últimos cinco años, sin contar los casos que nunca fueron advertidos a la policía o los de extranjeros de paso. La única esperanza la constituyen las piezas dentales que se han encontrado (los dentistas de Londres recibirán una detallada descripción para que comparen con sus archivos) y algunos restos de ropa y objetos personales.

Algún día, los sociólogos y psicólogos explicarán por qué se dan en Gran Bretaña tantos casos de asesinatos masivos, rodeados siempre de detalles macabros. Tal vez intervenga el hecho de que se trata de una isla, o el que sea una sociedad profundamente puritana y represiva, pese a las apariencias. Pero estos datos objetivos se dan también en otros muchos lugares del mundo donde la aparición de un estrangulador es, sin embargo, un hecho aislado o desconocido.

En Gran Bretaña, sin embargo, este personaje se reproduce con una cierta cadencia. Inglés era el famoso Jack que estranguló a seis prostitutas en los muelles de Londres y que nunca fue detenido. Inglés, Peter Sutcliff, que asesinó a 13 mujeres y cumple ahora cadena perpetua. Inglesa, Mary Ann Cotton, una mujer que fue colgada en 1873, acusada de haber envenenado a 14 personas. Inglés es también un muchacho que se hace llamar Bruce Lee, en honor de su héroe, el actor-karateka de igual nombre, y que, según propia confesión, causó la muerte de 26 personas en incendios provocados.

Bruce, que es epiléptico y tiene ahora veinte años, está internado en un hospital psiquiátrico y nunca se sabrá si su historia es completamente cierta o no. Según una investigación realizada por el diario The Times, diez de los incendios que se atribuye tuvieron un origen puramente accidental. Otros tantos, sin embargo, son obra suya, según la policía. Cuando le preguntaron por qué prendía fuego a las cosas y a las personas, contestó con una cita bíblica: "Nadie puede servir a dos señores". Su único señor es el fuego.

Su desgraciado récord o el del asesino de la casa de la muerte sólo son batidos por un caso ocurrido en Estados Unidos. En 1977, un hombre fue condenado por haber matado a 33 personas, todas ellas también hombres jóvenes.

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