jueves, 16 de agosto de 2012

Kenneth Bianchi y Angelo Buono, los estranguladores de la colina texto en spanish

Kenneth Bianchi y Angelo Buono, los estranguladores de la colina

Kenneth Bianchi y Angelo Buono, los estranguladores de la colina

Kenneth Bianchi y Angelo Buono, los estranguladores de la colina

En octubre de 1977, la policía de Los Angeles encontró el cadáver de una mujer desnuda, que había sido violada, asesinada y abandonada en una loma. Para febrero de 1978, la cuenta había llegado a 10 y los medios habían comenzado a llamar al asesino “El Estrangulador de la loma” Llegó a ser uno de los mas notables, publicitados y escalofriantes casos que se habían visto hasta entonces en esa ciudad.
Mas tarde la policía capturó a dos primos: Kenneth Bianchi y Angelo Buono. Esta es la historia de su carnicería de cinco meses y de la investigación policial masiva que provocaron.

Bianchi creció en Rochester, NY. Su verdadera madre era una prostituta alcohólica que lo dio en adopción. En 1975, Bianchi se mudó Los Angeles a vivir con su primo, Angelo Buono. Poco después, Bianchi y Buono secuestraron a una prostituta, Yolanda Washington, y la mataron. Ella fue la primera de sus victimas.

Después del décimo homicidio de la ladera, Bianchi dejó Los Angeles con su esposa y su hija y se fue a vivir a Bellingham, WA. Pero antes de un año, Bianchi había matado de nuevo. Trabajando en una compañía de seguridad privada, atrajo a un compañero de la empresa y a su novia a una casa apartada. Ahí los violó y los mató a ambos. La policía dio muy pronto con el y Bianchi confesó. Después de un intento fallido de fingir personalidad múltiple, se declaró culpable en Washington y aceptó declarar contra su primo si le permutaban la pena de muerte.

Para finales de 1981, el juicio por fin empezó en Los Angeles. Fue uno de los juicios mas largos de los que se tiene memoria: dos años, dos días. Bianchi estuvo en el estrado durante seis meses dando testimonios confusos y contradictorios. Eventualmente se declaró culpable de cinco de los homicidios cometidos en Los Angeles, mientras que Buono fue encontrado culpable en nueve de los diez casos. Buono cumple actualmente una condena de cadena perpetua sin posibilidad de revisión en California. Bianchi cumple la misma condena en Washington State penitentiary en Walla Walla.
Es necesario algo mas que unos cuantos homicidios para llamar la atención de la gente en una ciudad como Los Angeles. Los asesinatos son algo cotidiano. Cuando tres prostitutas fueron encontradas estranguladas y desnudas en los basureros de la parte noroeste de la ciudad, entre octubre y noviembre de 1977, poca gente perdió el sueño. Solo un par de detectives de homicidios presintieron que era el comienzo de algo mucho mas grande.
Todo cambió en la semana de acción de gracias cuando cinco mujeres fueron encontradas muertas en varias laderas, en la zona de Glendale-Highland Park. Estas cinco mujeres (una de doce años y otra de catorce) no eran prostitutas, eran de clase media y habían sido raptadas de sus vecindarios.
Los periódicos y las estaciones de televisión hablaron de violaciones, torturas, raptos y homicidios. La conciencia colectiva de la comunidad fue sacudida. La ciudad entró en pánico.

El mote “Hillside Strangler” (Estrangulador de la ladera) fue acuñado por los medios, a pesar de que la policía estaba convencida y había declarado ya, que era probable que hubiera mas de una persona cometiendo los crímenes.
El domingo 20 de noviembre de 1977, el sargento Bob Grogan, detective de homicidios de la policía de Los Angeles recibió la orden de dirigirse al área comprendida entre Glendale y Eagle Rock. Mientras trataba de encontrar el sitio que le habían indicado, pensó que el que estuviera usando la zona para abandonar cadáveres debía de conocer muy bien el barrio, incluso para saber que ese lugar existía.
La chica muerta fue encontrada en un barrio de clase media. Grogan encontró indicios de que había sido atada por las muñecas, tobillos y cuello. Cuando volteó el cuerpo, encontró restos de sangre que salían del recto. Los moretones en sus pechos saltaban a la vista. También encontró dos marcas de aguja en uno de los brazos.

Mientras examinaba la escena del crimen, vio que no había indicios de pelea en los arbustos, ni señales de que el cuerpo hubiera sido arrastrado. Esto quería decir que el homicidio había ocurrido en otra parte y que un hombre, quizás dos, habían cargado el cuerpo y lo habían depositado ahí.
Una horas mas tarde, el compañero de Grogan, Dudley Varney, había sido llamado para investigar otros dos asesinatos en el otro extremo de esa misma área. Las dos chicas muertas habían sido encontradas por un niño de nueve años que estaba jugando a desenterrar tesoros cerca de ahí. Era una escena poco agradable, pues los insectos ya habían empezado a dar cuenta de los cadáveres.
Nuevamente, no había indicaciones de que los crímenes hubieran ocurrido donde habían sido hallados los cuerpos, tampoco había evidencia de que hubieran sido arrastrados hasta ahí. Los cuerpos eran de mujeres muy jóvenes, por lo tanto cualquiera hubiera podido cargarlos hasta ahí sin dificultad.
No tomó mucho tiempo averiguar la identidad de los cadáveres, eran Dolores Cepeda, de doce años, y Sonja Johnson, de catorce, las dos habían desaparecido una semana tras de la St. Ignatius School. Las niñas habían sido vistas por última vez bajándose de un autobús y dirigiéndose a un sedan para hablar con alguien sentado en el lado del copiloto. Esto arrojaba luz sobre la teoría de que eran dos asesinos.

Al día siguiente, la chica que Bob Grogan investigaba, fue identificada como Kristina Weckler, una estudiante de veinte años del Pasadena Art Center of Design. Su departamento fue ubicado en el número 809 de East Garfield Avenue en Glendale.
El 23 de noviembre, el cuerpo de otra mujer fue encontrado, esta vez cerca de Los Feliz en la pendiente de la autopista estatal Golden. Se estimó que el cuerpo cubierto de larvas llevaba ahí dos semanas. Había sido estrangulada como las otras pero no se sabía a ciencia cierta si había sido violada. La mujer fue identificada como Jane King de veintiocho años.
Las autoridades crearon una fuerza especial que al principio estaba compuesta por treinta elementos del departamento de policía de Los Angeles, el departamento del Sheriff y el departamento de policía de Glendale.
El martes 29 de noviembre, Grogan fue llamado a los alrededores de Glendale’s Mount Washington. El cuerpo desnudo de una mujer había sido parcialmente abandonado en la calle. Nuevamente había marcas de ataduras en las muñecas, tobillos y cuello.
Esta vez había algo diferente, el cuerpo tenía indicios de quemaduras en las palmas de las manos. Eran como las extrañas marcas de aguja en el brazo de Kristina Weckler, parecía que los asesinos estaban experimentando con nuevos métodos de tortura. Había algo mas que era nuevo, un rastro brillante de cierto liquido pegajoso que atraía montones de hormigas. Si esta substancia era semen o saliva, el grupo sanguíneo de uno de los asesinos podía ser averiguado. (los exámenes practicados en el semen que había sido hallado en el cuerpo de las otras victimas no habían dado resultado).

La mujer fue identificada como Lauren Wagner, una estudiante de dieciocho años que vivía con sus padres en el área de San Fernando Valley. Sus padres se habían ido a acostar la noche anterior esperando que ella volviera antes de las doce. A la mañana siguiente, encontraron su coche estacionado en la calle con la puerta entreabierta.
La masacre de la semana de acción de gracias trajo a la luz otros tres homicidios que habían sido cometidos un mes antes, los homicidios de tres prostitutas a principios de octubre.
El 17 de octubre de 1977, una prostituta llamada Yolanda Washington fue violada y estrangulada. Su cuerpo desnudo fue abandonado cerca del Forest Lawn Cemetery.

Casi dos semanas después, el sargento Frank Salerno, un detective de Los Angeles County Sheriff’s Department, fue enviado al pueblo de La Crescenta, al norte del área de Glendale para investigar el homicidio de una mujer.

El cuerpo desnudo de la mujer yacía en las afueras de un barrio residencial de clase media, cubierto con una lona para evitar que lo vieran los niños del vecindario. Había moretones en su cuello que indicaban que había sido estrangulada. Así como señales de ataduras en sus muñecas y tobillos. Los insectos habían comenzado ya a comerse la piel. En sus párpados había rastros de una pelusilla de color que Salerno llevo al forense. Esa mujer no parecía haber sido asesinada en La Crescenta.

El cuerpo había sido dejado ahí con la intención de que fuera rápidamente encontrado. No había rastros de que hubiera sido arrastrado al lugar donde fue hallado, por lo que Salerno pensó que había sido cargado, probablemente desde un coche por mas de una persona.

Era pequeña y delgada, aparentaba unos dieciséis años de edad. El forense determinó que había sido estrangulada al rededor de las doce de la noche. También quedaba claro que había sido violada y sodomizada.

Pasaron dos días y la victima no fue identificada, Salerno recorrió los alrededores de Hollywood Boulevard, un lugar rico en adolescentes huidos de sus hogares, adictos, prostitutas e indigentes. Mostró la fotografía de la victima a cientos de personas hasta que el nombre Judith Miller salió a relucir y fue identificada como una prostituta de la zona. Un hombre llamado Markust Camden, quien se describió a si mismo como caza recompensas , dijo que había visto a Judy Miller abandonar el restaurante “Fish and Chips” a la nueve p.m. del día anterior a que su cuerpo fuera encontrado en el barrio de La Crescenta.

Una semana después, la mañana del domingo 6 de noviembre de 1977, el cuerpo desnudo de otra victima muerta por estrangulación fue encontrado en Glendale cerca de una country club. Salerno habló con la policía de Glendale y reconoció las similitudes entre las dos victimas. Ambas habían sido estranguladas y mostraban señales de ataduras en tobillos y muñecas, y habían sido abandonadas con seis millas de distancia entre una y la otra. Había violación en ambas, pero la segunda no daba señales de haber sido sodomisada.

Esta victima a diferencia de la primera, fue rápidamente identificada. Era Lissa Kastin, de veintiún años de edad. Trabajaba como mesera en el restaurante Healthfaire cerca de Hollywood y Vine. Vivía en las afueras de Hollywood Boulevard. Y le había dicho a su madre que estaba pensando en dedicarse a la prostitución para ganar algún dinero extra. Lissa había sido vista por última vez abandonando el Healthfaire después de la nueve en punto de la noche en que fue asesinada.

A mediados de diciembre, la policía fue llamada a un terreno baldío en Alvarado Street donde encontraron el cuerpo desnudo de Kimberly Diane Martin, una rubia call-girl que trabajaba para la “agencia de modelos” Climax.

Esta vez la policia tenía lo que parecian dos pistas confiables sobre los asesinos. El ultimo cliente de Kimberly Martin la había citado en el departamento 114 del 1950 de la calle Tamarind que, después se supo, estaba vacío. El asesino había llamado desde un teléfono público en el lobby de la Biblioteca Pública de Hollywood en Ivar Street. Desgraciadamente estas pistas no conllevaron a ninguna acción tangible y los asesinos no dieron señales de vida durante algún tiempo.

El jueves 16 de febrero, una mujer llamada Cindy Hudspeth fue asesinada. Su cuerpo estrangulado y violado yacia en la cajuela de su Datsun, este había sido desbarrancado en Angeles Crest.Angelo Buono

Al día siguiente, las marcas de ataduras rebelaron que el estrangulador de la ladera estaba operando de nuevo. La policía investigo a fondo la vida privada de Cindy esperando que ello pudiera determinar quien la acompañaba al momento de su muerte.

Cindy tenía veinte años. Había sido vista por última vez en su departamento en el 800 de East Garfield Avenue. Probablemente se dirigía al Glendale Community College, donde trabajaba de noche como recepcionista. En el camino, Cindy había sido secuestrada.

Cindy Hudspeth vivía enfrente de otra victima, Kristina Weckler, a pesar de este hecho, no se conocían entre ellas. Los detectives Bob Grogan y Frank Salerno creían que había posibilidades de que por lo menos uno de los asesinos viviera en Glendale.

Las autoridades habían llegado a ciertas conclusiones, “el estrangulador era caucásico, oscilaba entre los veinte y los treinta años de edad, era soltero o divorciado, en todo caso no vivía con una mujer. Era de inteligencia promedio, desempleado o trabajador ocasional. Probablemente tendría antecedentes penales. Era pasivo, frío, y manipulador. Provenía de una familia disfuncional con una niñez de abusos y maltratos específicamente a manos de la figura materna”. Armado con esas especulaciones, Grogan decía: “Diablos, lo único que tengo que hacer ahora es encontrar a un tipo blanco que odie a su madre.”

Un giro inusual en la investigación fue la participación de un psíquico alemán que había llegado a Los Angeles recientemente. Grogan y sus compañeros se mantenían escépticos al respecto, mas aun cuando el psíquico escribió en su lengua natal, que deberían concentrarse en buscar a “dos hermanos italianos de 35 años de edad”.

Pasaron los meses y el estrangulador de la colina parecía haber desaparecido. Los detectives relegaron el asunto y comenzaron a trabajar en otros casos.

El 12 de enero de 1979, la policía de Bellingham, fue notificada sobre la desaparición de dos estudiantes de la Western Washington University. Las dos mujeres eran compañeras de cuarto, Karen Mandic y Diane Wilder. Cuando Karen no se presentó a trabajo, su jefe se preocupó. El recordaba que ella había aceptado un trabajo a tiempo parcial como niñera en un barrio de lujo en Bayside que le había conseguido un amigo de ella que trabajaba como guardia de seguridad.

Kenneth Bianchi y Angelo Buono, los estranguladores de la colina

Kenneth Bianchi y Angelo Buono, los estranguladores de la colina

La policía contactó a la compañía de seguridad privada, quien a su vez interrogó al guardia de seguridad para averiguar sobre el asunto. El guardia dijo que no sabía nada sobre el tema y afirmó nunca haber escuchado nada sobre las dos mujeres desaparecidas. El guardia le dijo a su jefe que él había estado en una reunión de las reservas del Sheriff la noche en que la dos mujeres desaparecieron.
Cuando la policía averiguó que el guardia no había estado en ninguna reunión como le había dicho a su jefe, decidieron contactarlo directamente. Encontraron a un hombre joven y amigable que dijo que no había asistido a la reunión por que esta era solo para primeros auxilios y el ya conocía esa asignatura.

La policía no tenía indicios de que las dos mujeres estuvieran realmente desaparecidas. Era posible que solo se hubieran ido de fin de semana. Sin embargo, Terry Mangan, el Nuevo jefe de la policía de Bellingham, no estaba conforme con esa explicación.

Cuando visitó la casa de las mujeres, encontró un gato hambriento (una situación inusual en una mascota). Ahí encontró también la dirección de la casa de Bayside donde se suponía que iban a realizar el trabajo de niñeras. Al revisar los archivos de la compañía de seguridad privada, surgió el nombre del mismo guardia de seguridad relacionado con la casa en cuestión.

También salió a relucir el hecho de que el guardia había tomado prestado uno de los camión de la compañia la noche en que las mujeres habían desaparecido, supuestamente lo había llevado a reparar. No se encontró ningún registro de que el vehículo hubiera estado en reparación.Los estranguladores de la colina

Al no encontrar indicios de las mujeres por ningún lado, el jefe Mangan pidió ayuda a los medios y entregó fotos de ambas desaparecidas así como del coche que conducían. Al poco tiempo una mujer llamó para reportar que el coche había sido abandonado cerca de su casa en un área muy boscosa.

Dentro del coche estaban los cadáveres de Karen Mandic y Diane Wilder. Ambas habían sido estranguladas y tenían señales de haber sido torturadas también.

Las mujeres fueron enviadas a la morgue y el jefe Mangan ordeno que le enviaran al guardia de seguridad para interrogarlo. Había que proceder con cautela ya que el sujeto en cuestión era un guardia entrenado, sin embargo no causo problemas durante su detención, se trataba de un tipo amigable e inteligente que además era un marido responsable y un padre cariñoso: Kenneth Bianchi.

Kenneth Bianchi era un tipo alto y musculoso que vivía con su novia de muchos años, Kelli Boyd, y su hijo pequeño. Kelli no podía creer que un tipo tan apacible como Kenny pudiera ser sospechoso en un caso de homicidio. Tampoco lo creía su jefe que lo consideraba un miembro responsable y trabajador de su empresa.

La policía de Bellingham encontró bellos púbicos en los cuerpos de las victimas así como en la casa que se suponía que iban a visitar.

Mientras las pruebas se realizaban, la policía quería mantener a Kenny bajo custodia. Esto se volvió fácil cuando encontraron objetos robados en su casa. Estos habían sido sustraídos de los lugares que cuidaba como guardia.
Mangan recordó el caso del estrangulador de la loma en Los Angeles. El sabía que Kenny había vivido ahi mientras ocurrían los crímenes. Mangan hizo llamadas a la policía de L.A. y Glendale así como a la oficina del Sheriff en Los Angeles.

El detective Frank Salerno respondió a la llamada de la policía de Bellingham. De pronto todo comenzó a cobrar sentido. Las direcciones de Cindy Hudspeth y Kristina Weckler en East Garfield y el cliente que Kimberly Martin visitó en la calle Tamarind concordaba con los lugares de residencia de Kenny durante los crímenes. Se dirigió a Bellingham para ayudar en la investigación. Dejó a su compañero, Peter Finnigan, para trabajar con Grogan para descubrir las actividades de Bianchi mientras vivía en L.A.

La evidencia terminó por demostrar que Bianchi era uno de los estranguladores de la ladera. Las piezas de joyería encontradas en su domicilio habían sido propiedad de dos de sus victimas: el collar de Kimberly Martin y el anillo de turquesas de Yolanda Washington. El bello púbico demostró finalmente que era culpable.

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