lunes, 1 de julio de 2013

el asesino en serie de almeria

LA muerte de una decena de prostitutas en la provincia de Almería entre 1989 y 1996 dejó siempre en el aire la terrible sospecha de que en esos años existiera en Almería un asesino en serie, incluso que el misterioso criminal siga aún viviendo en la provincia. Las dudas sobre esta posibilidad a pesar del tiempo transcurrido no están totalmente despejadas. Existen una serie de coincidencias, admitidas entonces tanto por la Policía como por la Guardia Civil que alimentadas por una serie de determinados componentes permiten sostener la teoría sobre un asesino serial que durante ocho años ha campado a sus anchas entre los almerienses. ¿Sabe alguien algo?

Uno de los datos más significativos, que retrataban a este "Jack El Destripador" fue, que todas las prostitutas asesinadas eran muchachas muy jóvenes de una edad similar, procedentes de un ambiente marginal que fueron asfixiadas y estranguladas y en muchos de los casos sus cuerpos aparecieron desnudos al aire libre alejado de núcleos urbanos. Lo cierto es que tal vez por una mala o imperfecta investigación policial, falta de constancia o la falta de una mayor presión social, una decena de personas han muerto violentamente sin que se les haya hecho justicia. Todas estas infortunadas víctimas carecían en su mayoría de un profundo arraigo familiar. Quizás faltó profesionalidad o ese punto de insistencia que acuciara a la justicia a encontrar a los culpables. A pesar de todos estos años transcurridos, la identidad de este asesino o asesinos sigue siendo una incógnita.

La cadena de prostitutas asesinadas durante los años 1989, 1992 y 1993 fueron los más llamativos en cuanto a número de casos. Hubo dos y tres asesinatos en cada uno de estos años y entre los restantes, una escasa separación de tres y seis meses. Oficialmente nunca hubo detenidos pese a que cada de uno de los crímenes fueron exhaustivamente investigados y rastreados casi medio centenar de sospechosos.

Solo en 1992, tras el asesinato de María Jesús Muñoz el 6 de octubre cuyo cadáver apareció una mañana con el cuello roto estrangulada sobre un talud a la entrada de Almerimar y el descubrimiento tres meses más tarde el 21 de julio de unos restos de mujer calcinados en un vertedero de El Ejido, fue entonces cuando las autoridades admitieron tímidamente la posibilidad de que el autor en ambos casos podría ser la misma persona 

Entre los casos pendientes figura la muerte de Carmen Heredia de 26 años hallada el 6 de agosto de 1989 en una rambla de Vélez Rubio. Otra joven y sin identificar apareció en Purchena en una acequia dentro de una bolsa de plástico. Fue localizada por un pastor el 21 de octubre de 1989. Dos años más tarde el 6 de octubre de 1991 fue localizado el cadáver de otra muchacha en Punta Entinas con todas las trazas de ser la enfermera británica desaparecida sin rastro en agosto de ese mismo año, pero un informe médico británico- basado en su dentadura-rechazó que se tratase de la misma persona.

Sobre el tema del asesino serial, se habló mucho a principios de la década de los años noventa en el que transcurrieron prácticamente todos los casos. Entre el colectivo de prostitutas hubo una autentica psicosis. Fueron muchísimas las que aterrorizadas y en desbandada abandonaron Almería. 

Algunos datos y matriculas de coches de ocasionales clientes fueron facilitados por las propias amigas de las victimas o sus proxenetas a la Policía o Guardia Civil. Hubo un sospechoso en la zona de Poniente al cual la Policía lo estuvo controlando discretamente durante cierto tiempo aunque finalmente no se le pudo detener al carecer de pruebas o indicios sólidos de que esta persona fuese realmente el asesino que se buscaba. A golpes o asfixiadas. Así al menos fallecieron casi la totalidad de estas mujeres. Su autor o autores provocaron la muerte por contacto directo con sus víctimas. Nunca sus criminales utilizaron armas de fuego.

Se dice que estos asesinos seriales, desde el punto de vista criminológico suelen reincidir como mínimo en tres oportunidades y con un cierto intervalo de tiempo entre cada uno de los asesinatos. En los casos ocurridos en Almería se contempla este dato. La hipótesis de un asesino en serie en la provincia no es nueva. Desde siempre en círculos cercanos a las investigaciones y de modo confidencial se ha mantenido que si no en todos los asesinatos, al menos en cuatro o cinco casos el autor de estos hechos ha podido ser la misma persona.

Hasta enero de 1993 no se produjo un nuevo crimen. Los medios de comunicación lo contabilizaron como la séptima víctima del asesino de las prostitutas. El 25 de enero, una ciudadana se dio de bruces en una playa de Aguadulce con el cadáver de Maria Leal. Su cuerpo apareció desnudo entre unos cañaverales. La joven tenía solo 22 años, y se encontraba embarazada. Un fuerte golpe le había roto el cráneo. Al parecer la muchacha fue recogida en un coche por alguien en la zona del Parque donde solía situarse buscando clientes.

No habían pasado seis meses y el 5 de julio un agricultor encontró en Cuatro Vientos (El Ejido) el cadáver de Khadija Monsar una marroquí de 25 años que trabajó en un club de alterne de Pampanico. Como en el caso anterior, el cuerpo estaba semidesnudo solo con el sujetador y la boca tapada con una gruesa y ancha cinta aislante. Tenía hematomas en el cuello y señales inequívocas de haber sido estrangulada.

Hubo dos casos más. Otra joven holandesa, de origen magrebí, Nadia Hach Amar de 22 años apareció desnuda y estrangulada a espaldas del campo de fútbol de Los Ángeles la mañana del 2 de agosto de 1994 y aunque hubo algunos arrestos relacionados con el crimen, su verdadero autor no fue detenido. 

Y cerró el terrible ciclo, la muerte de Aurora Amador. Su cadáver fue localizado en la playa del Palmer entre unos acantilados. Desnuda y con el cuello partido, estrangulada como todos los casos anteriores. Vivía en la barriada de la Hoya y solía ejercer la prostitución en la zona del Zapillo y parque de Nicolás Salmerón.

Son crímenes impunes. Unas muertes que son recordadas solo cada vez que ocurre un hecho luctuoso de idéntica magnitud. Han sido diez mujeres muertas en extrañas y violentas circunstancias víctimas de seres desequilibrados. Muchachas unidas en común por el desarraigo, condenadas por la sociedad y refugiadas en el marco de la droga y la prostitución. La investigación a fondo de las muertes de las prostitutas de Almería- en su momento noticia de amplia proyección nacional- salvo los primeros días de ser cruel actualidad no tardaron mucho tiempo en quedar los casos si no archivados, si al menos olvidados.

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